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MandyBrooke
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girlintroubles:

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I feel the music, I live for the music, I can feel it running in my veins…

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adorandoalrey:

Yo: Dios, ¿puedo hacerte una pregunta?Dios: ClaroYo: ¿Me prometes que no te molestarás?Dios: Te lo prometoYo: ¿Por qué permitiste que me pasaran tantas cosas hoy?Dios: ¿A qué te refieres?Yo: Bueno, me levante tarde.Dios: SiYo: Mi auto tardo mucho en arrancarDios: OkYo: En el almuerzo hicieron mal mi sándwich y tuve que esperarDios: HuuummmYo: De camino a casa, mi celular se descargo, justo en cuanto contesté una llamadaDios: EntiendoYo: Y para colmo de males, llego a casa con la intención de disfrutar mi maquina de masajes para pies y relajarme, pero no pude hacerla funcionar. ¡Nada me salió bien hoy! ¿Por qué me hiciste esto?Dios: Déjame ver, el ángel de la muerte estaba en tu cama esta mañana, y tuve que enviar a uno de mis ángeles a luchar con el por tu vida. Te deje durmiendo mientras duró.Yo (humillado): ¡Oh!Dios: No dejaba que tu auto arrancara porque había un conductor ebrio en tu ruta que te hubiese chocado si fueras en camino.Yo (apenado): ¡Enserio!Dios: La primera persona que te preparo el sándwich hoy estaba enferma y no quería que te contagiaras, pues se que lo último que deseas es faltar al trabajo.Yo (avergonzado): OkDios: Tu celular se apagó porque la persona que te llamaba iba a dar falso testimonio de la llamada, y no permití que siquiera alcanzaras a hablar con ellos para protegerte.Yo (suavemente): Ya veo Dios.Dios: ¡Oh! Y la máquina de masajes. Tenía un corto que iba a causar un apagón en tu casa fundiéndolos fusibles. E Imagine que no querrías quedarte sin luz toda la noche.Yo: Lo siento Dios.Dios: No te apenes, solo aprende a confiar en mi… en todas las cosas, las buenas y las malas.Yo: Confiaré en ti Dios.Dios: Y no dudes que mi plan para tu día es siempre mejor que tu plan.Yo: No lo haré Dios. Y solo déjame decirte ¡gracias por todo lo de hoy!Dios: De nada hijo mío. Fue solo un día mas siendo tu Dios y adoro ver por mis hijos.
Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar. (Jeremias 29:11)
Comparte si confías en ÉL.

adorandoalrey:

Yo: Dios, ¿puedo hacerte una pregunta?
Dios: Claro
Yo: ¿Me prometes que no te molestarás?
Dios: Te lo prometo
Yo: ¿Por qué permitiste que me pasaran tantas cosas hoy?
Dios: ¿A qué te refieres?
Yo: Bueno, me levante tarde.
Dios: Si
Yo: Mi auto tardo mucho en arrancar
Dios: Ok
Yo: En el almuerzo hicieron mal mi sándwich y tuve que esperar
Dios: Huuummm
Yo: De camino a casa, mi celular se descargo, justo en cuanto contesté una llamada
Dios: Entiendo
Yo: Y para colmo de males, llego a casa con la intención de disfrutar mi maquina de masajes para pies y relajarme, pero no pude hacerla funcionar. ¡Nada me salió bien hoy! ¿Por qué me hiciste esto?
Dios: Déjame ver, el ángel de la muerte estaba en tu cama esta mañana, y tuve que enviar a uno de mis ángeles a luchar con el por tu vida. Te deje durmiendo mientras duró.
Yo (humillado): ¡Oh!
Dios: No dejaba que tu auto arrancara porque había un conductor ebrio en tu ruta que te hubiese chocado si fueras en camino.
Yo (apenado): ¡Enserio!
Dios: La primera persona que te preparo el sándwich hoy estaba enferma y no quería que te contagiaras, pues se que lo último que deseas es faltar al trabajo.
Yo (avergonzado): Ok
Dios: Tu celular se apagó porque la persona que te llamaba iba a dar falso testimonio de la llamada, y no permití que siquiera alcanzaras a hablar con ellos para protegerte.
Yo (suavemente): Ya veo Dios.
Dios: ¡Oh! Y la máquina de masajes. Tenía un corto que iba a causar un apagón en tu casa fundiéndolos fusibles. E Imagine que no querrías quedarte sin luz toda la noche.
Yo: Lo siento Dios.
Dios: No te apenes, solo aprende a confiar en mi… en todas las cosas, las buenas y las malas.
Yo: Confiaré en ti Dios.
Dios: Y no dudes que mi plan para tu día es siempre mejor que tu plan.
Yo: No lo haré Dios. Y solo déjame decirte ¡gracias por todo lo de hoy!
Dios: De nada hijo mío. Fue solo un día mas siendo tu Dios y adoro ver por mis hijos.


Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar. (Jeremias 29:11)


Comparte si confías en ÉL.

adorandoalrey:

Según una antigua leyenda, había un hombre llamado Haakon que contemplaba largas horas la imagen de un Cristo. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo: "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la Cruz". Y se quedó fijo con la mirada puesta en la escultura, como esperando la respuesta. El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: “Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.” ¿Cuál Señor? preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda Señor! respondió el viejo ermitaño. "Escucha: Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre". Haakon contestó: “Os lo prometo, Señor!” Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada, pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después y se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la cartera. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: - “¡Dame la bolsa que me has robado!” El joven sorprendido replicó: - “¡No he robado ninguna bolsa!” - “¡No mientas, devuélvemela enseguida!” - “Le repito que no he cogido ninguna bolsa!” El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte: - “¡Detente!” El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado y salió del lugar. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando el lugar quedó a solas, Cristo se dirigió a él y le dijo: - “Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio”. - “Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?” Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz. El Señor, siguió hablando: “Tú no sabías que al rico le convenía perder la cartera, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos él acaba de perder la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo”. Y el señor nuevamente guardó silencio. Muchas veces nos preguntamos por qué razón Dios no nos contesta. ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír, pero, Dios no es así. Dios nos responde aún con el silencio. Debemos aprender a escucharlo. Su divino silencio son palabras destinadas a convencernos de que, Él sabe lo que está haciendo. En su silencio nos dice con amor: confien en Mí, que sé bien lo que debo hacer.
Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. (Jeremias 33:3)

adorandoalrey:

Según una antigua leyenda, había un hombre llamado Haakon que contemplaba largas horas la imagen de un Cristo. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo: 

"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la Cruz". Y se quedó fijo con la mirada puesta en la escultura, como esperando la respuesta. 

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: “Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.” 

¿Cuál Señor? preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda Señor! respondió el viejo ermitaño. 

"Escucha: Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre". 

Haakon contestó: “Os lo prometo, Señor!” 

Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. 

Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. 
A nadie dijo nada, pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después y se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la cartera. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: 

- “¡Dame la bolsa que me has robado!” 

El joven sorprendido replicó: 

- “¡No he robado ninguna bolsa!” 

- “¡No mientas, devuélvemela enseguida!” 

- “Le repito que no he cogido ninguna bolsa!” 

El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte: 

- “¡Detente!” 

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado y salió del lugar. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando el lugar quedó a solas, Cristo se dirigió a él y le dijo: 

- “Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio”. 
- “Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?” 

Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz. 
El Señor, siguió hablando: “Tú no sabías que al rico le convenía perder la cartera, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos él acaba de perder la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo”. 

Y el señor nuevamente guardó silencio. 
Muchas veces nos preguntamos por qué razón Dios no nos contesta. ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír, pero, Dios no es así. Dios nos responde aún con el silencio. Debemos aprender a escucharlo. Su divino silencio son palabras destinadas a convencernos de que, Él sabe lo que está haciendo. En su silencio nos dice con amor: confien en Mí, que sé bien lo que debo hacer.

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. (Jeremias 33:3)